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Por unas ciudades democráticas, verdes y solidarias, Joan Francesc Peris portavoz de la Federación de Los Verdes


El 22 de abril por decisión de las Naciones Unidas se celebra en todo el mundo el Día de la Tierra, o como sabiamente la denominan muchos pueblos indígenas, el Día de la Madre Tierra. Los Verdes este día hacemos público nuestro manifiesto y ya sólo a un año de las elecciones locales, autonómicas y al Parlamento Europeo, es hora de volver a reivindicar unas ciudades verdes desde nuestra apuesta decidida y trabajo permanente en convertir nuestras urbes en espacios habitables, sanos, sin contaminación y donde puedan ser felices y desarrollar todas sus capacidades todos los seres humanos que las habitan.

En la actualidad, más de un 70% de la población europea vive en ciudades y son sus consumos energéticos, de agua y de materias primas los primeros causantes de la degradación del medio y de la contaminación atmosférica que está causando el cambio climático. Las ciudades han pasado de ser ámbitos de libertad en un mundo rural duro e injusto a convertirse en espacios inhóspitos, insolidarios, que crecen desordenadamente y generan miles de toneladas de desperdicios y residuos de difícil tratamiento. Cambiar las ciudades, reverdecerlas y democratizarlas socialmente es una tarea urgente si queremos que la humanidad tenga futuro, si como especie aún queremos seguir habitando el Planeta Tierra.

Inmersos como estamos en una profunda crisis política, económica, social y ambiental, y ante la ya innegable crisis del sistema político bipartidista que habían establecido el PP y el PSOE en la transición, roto por la aparición de nuevos agentes políticos y amenazando una involución de los derechos democráticos con la más que rigurosa aplicación del art. 155 de la Constitución en Catalunya, las condenas por delitos de opinión, más que nunca, la ciudad y sus calles y plazas se han de convertir en un espacio idóneo para renovar la política, para recuperar el poder para la ciudadanía, para exigir mejoras en los derechos sociales y cívicos, para hacer posible que la política vuelva a su sentido originario, y sean la ciudadanía la que dirija y asuma las grandes decisiones que van a afectar a su presente y a las futuras generaciones.

Es en las plazas públicas y se deben reflejar en los próximos Ayuntamientos, las administraciones más cercanas a la gente, donde se pueden y se deben establecer nuevos mecanismos de participación permanente de la ciudadanía. La planificación de las ciudades, la distribución de los espacios públicos, el modelo de sus barrios, los servicios educativos, sanitarios y sociales, el sistema de transporte deben decidirse no sólo por los concejales y alcaldes, sino por el conjunto de la ciudadanía a través de su participación activa en Asambleas de barrio y Juntas de Distrito, en Consejos Sociales, en Fórums 21 y también, mediante referéndums locales para los grandes acuerdos, como puede ser la aprobación de un Plan General.

Las ciudades verdes y solidarias, crean nuevos instrumentos de participación ciudadana, que las conviertan en la vanguardia en el ahorro energético, en un conjunto democrático y cooperativo en la generación de energía solar en cada tejado, en cada edificio público o privado. La ciudad verde debe ser protectora de los espacios agrícolas y naturales de su alrededor, no sólo como pulmón verde sino para fomentar el consumo de productos naturales, para fomentar la soberanía alimentaria, para actuar contra el mercado de las multinacionales que mata la agricultura mediterránea y genera tanta injusticia y contaminación en el mundo.

La ciudad verde crece hacia adentro, rehabilitando las viviendas con construcción bioclimática que ahorra energía, poniendo a disposición de las personas miles de viviendas que están vacías, fomentando el consumo racional y la compra en los pequeños comercios de cada barrio. La ciudad verde lucha contra las grandes superficies periféricas que ocupan grandes espacios de huerta, que fuerzan a enormes desplazamientos diarios, que impersonalizan el consumo, que devertebran e uniformizan el espacio urbano.

La ciudad verde es la que protege su patrimonio natural, sus bosques periféricos, sus marjales y albuferas, sus lagunas y también su patrimonio cultural y antropológico, sus señas de identidad como conjunto humano que vive y comparte una historia propia . La ciudad verde es solidaria entre sus vecinos, procura servicios educativos, sociales y sanitarios para todos y todas, una distribución equilibrada de los servicios, un sistema de transporte público suficiente y no contaminante.

Las ciudades verdes aman a los animales, salvajes y de compañía, y no permiten en sus términos ningún tipo de espectáculos que degrade, maltrate, torture o mate para el divertimento público algún animal.

Hoy, en este día de la Tierra de 2018, la Federación de Los Verdes renovamos nuestro compromiso con la Declaración de Río de 1992 y manifestamos públicamente que seguiremos trabajando desde los Ayuntamientos de las ciudades españolas, en los parlamentos autonómicos y en Europa para que en esas nuevas ciudades verdes que tantas veces ha pedido la ONU se promueva consiga la armonía con la naturaleza y la Tierra y se alcance un justo equilibrio entre las necesidades económicas, sociales, culturales y ambientales de las generaciones presentes y futuras desde un nuevo modelo democrático, participativo, alternativo y republicano. 

Manifiesto del Día de la Tierra 

Joan Francesc Peris, portavoz de la Federación de Los Verdes.


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Àgora CT. Associació Cultural sense ànim de lucre per a promoure idees progressistes

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