El trastorno por aversión al sexo se caracteriza por un rechazo extremo, persistente y una evitación de casi todo contacto sexual con una pareja. A su vez, esta alteración causa malestar o dificultades interpersonales.
También se puede producir por aversión al contacto corporal por algún aspecto particular del sexo (secreciones, penetración, vello,…). Y la repulsión por todos los estímulos de tipo sexual, incluso los besos y los contactos superficiales.
Ante una situación que perciban como de índole sexual, pueden sufrir crisis de angustia, ansiedad, terror, desmayos, náuseas, palpitaciones, mareos y dificultades para respirar. Por lo que evitan las situaciones sexuales e incluso las meramente afectivas mediante estrategias (acostándose pronto, viajando, descuidando el aspecto, tomando sustancias o volcándose excesivamente en actividades familiares, sociales y laborales).
La mayoría de disfunciones pueden ser tratadas terapéuticamente con un profesional especialmente entrenado. La disfunción sexual es percibida de modo diferente de un individuo a otro, pudiendo ser el resultado de sentimientos de culpa, miedo, cólera, ansiedad, problemas médicos o dificultades en la relación, y sobre todo resultado de una experiencia previa traumática o una educación excesivamente sexofóbica.
Las fobias sexuales pueden sobrevenir como resultado de vivencias negativas de la sensualidad, violación, fracasos sexuales humillantes, educacionales, etc.
Pero, también, intervienen estas otras de índole más relacional: el desconocimiento de su cuerpo y de sus partes erógenas, la baja autoestima, estilos de vida inadecuados, presiones familiares o sociales que ocupan el lugar de la sexualidad, cuando se tienen vínculos prolongados y las relaciones sexuales han sido insatisfactorias, los problemas de comunicación, la falta de interés, la evidencia de la no-necesidad del otro, centrarse en sus logros y anhelos personales, sin subordinarse a los de sus parejas, lo cual modifica las condiciones de sus relaciones.
Aunque un solo episodio de fracaso no provoca consecuencias tan duraderas y destructivas. Mientras que una buena relación sexual profundiza el sentimiento de intimidad, la persistencia en la ausencia de contacto puede mantener e incrementar una sensación de inseguridad emocional. La evitación acrecienta y generaliza el problema.
La persona que lo sufre, es consciente de que su miedo es excesivo e irrazonable en proporción con el riesgo real que entraña la situación. La evitación fóbica del sexo es una fuente de malestar y puede menoscabar gravemente la capacidad de la persona para desempeñarse sexualmente, vivir con normalidad lances amorosos o relaciones sexuales o incluso interactuar afectivamente con otras personas.
![]() |
| Vicente Gascón |
Vicente Gascón García es Psicólogo - Sexólogo y de l'Eliana.
Puedes conocer más sobre él en estos enlaces.
www.espaiterapeutic.com
http://espaiterapeutic.blogspot.com/
https://www.facebook.com/#!/vicentegasgar
http://esculturarteobjeto.blogspot.com.es/
* Crónica agradece al autor que comparta sus opiniones con nuestros lectores



Cap comentari: