"En política, se es lo que se hace" Cuando el espectro del comunismo ya no recorre Europa y la sombra de la socialdemocracia no tiene densidad para hacerse notar, es momento de plantear una democracia inclusiva desde el conocimiento, la moral, el compromiso y la acción política.
Más
allá de retóricas y proclamas vacías, lo cierto es que la izquierda no
acaba de reencontrarse a sí misma en un mundo en el que han cambiado las
coordenadas en que nos movíamos. Hablamos de mundo globalizado, de
mercado mundial, de capitalismo financiero, de Estados impotentes, de
redes sociales, de relaciones interculturales, de guerras asimétricas,
de amenazas transfronterizas... Y la izquierda, ésa que ha pasado a ser
calificada de "tradicional", ya en versión socialdemócrata, ya en
versión comunista, es la que se había movido en el esquema de un mundo
bipolar, de mercado nacional, de Estados fuertes, de estructuras
estables, de clases sociales identificadas, de fronteras claramente
delineadas... Ese mundo ya no existe. El mundo de ahora, distinto en
virtud de la revolución de las tecnologías de la información y la
comunicación, del nuevo capitalismo erigido sobre ellas, y de los
fuertes cambios en las realidades sociales, políticas y culturales,
ofrece una realidad que reclama un nuevo paradigma. Es el paradigma ausenteque la izquierda aún no ha llegado a elaborar.
¿Será
posible hallar un nuevo paradigma, que pudiera ser, por ejemplo, marco
idóneo para una propuesta socialista puesta al día? ¿Qué pasó con las
banderas rojas? Parecería que a la izquierda también vendría a cuadrarle
el dicho del Manifiesto Comunista de que "todo lo sólido se
desvanece en el aire". Cuando el espectro del comunismo ya no recorre
Europa y la sombra de la socialdemocracia no tiene densidad para hacerse
notar, es momento de repensar qué ha sido de la izquierda y ver qué
puede ser. Si la izquierda queda sumida en titubeos respecto a su crisis
de identidad, falta de proyecto, carencia de programa o pérdida de su
base social –todo ello relacionado con la oligarquización de las
estructuras partidarias, con muchos dirigentes polarizados en torno a su
carrera política--, será la derecha la que siga con su hegemonía desde
la ideología neoliberal y sus complementos neoconservadores.
Política frente a una globalización económica antipolítica
En
el contexto de un mundo globalizado, la izquierda que perdió el hilo es
la izquierda a la que le ha ocurrido tal cosa por no haberse enfrentado
al problema de fondo, que no es otro que el hecho de que la política
como tal se vea engullida por el "gran mercado del mundo" --dicho en
términos calderonianos-- al que nos ha llevado el proceso de
globalización. La gran paradoja es que esa crisis de lo político es a su
vez resultado de un determinado proyecto político. Es verdad que el
mundo globalizado en el que estamos es el mundo configurado sobre todo
como gran mercado capitalista, con el capitalismo financiero como
dominante, pero de tal manera que esa misma configuración se ha visto
impulsada por el proyecto neoliberal. Éste ha sido el proyecto puesto en
marcha inicialmente por los Friedman y Hayek desde mediados del pasado
siglo, para reconfigurar el mundo a la medida de las exigencias del
nuevo capitalismo, el cual, con la exaltación del mercado y la
denostación del Estado, se aseguraba un clima en contra de toda
regulación política de la economía y a favor del Estado mínimopreconizado
por el norteamericano Nozick. Con su economicismo a ultranza, con su
visión antropológica individualista, con una concepción de las
relaciones sociales en términos de mitificada competitividad, con una
valoración negativa del Estado como depredador de las riquezas de los
ciudadanos, con una mentalidad tan refractaria a lo público como
encandilada por lo privado, el neoliberalismo no ha dejado de actuar
como proyecto político encaminado a disolver la política, o incluso a
erigir en lugar de ésta una antipolítica resultante de la distorsión de
la política al cercenar las condiciones que hacen que ésta sea posible.
Cuando el espectro del comunismo ya no recorre Europa y la sombra de la socialdemocracia no tiene densidad para hacerse notar, es momento de repensar qué ha sido de la izquierda y ver qué puede ser
Fue ante la hegemonía neoliberal como la
socialdemocracia sucumbió ideológicamente, dejándose llevar a su terreno
por la Tercera Vía de Tony Blair, con la pretensión de situarse "más
allá de la izquierda y la derecha", según Giddens. Era el viaje al
centro que una y otra vez emprenden los partidos socialdemócratas, sin
evaluar cómo dejan atrás señas de identidad y elementos programáticos.
Tony Judt ya dijo sobre tal deriva del laborismo británico que algo fue mal.
Con
un neoliberalismo fortalecido como ideología dominante y una
socialdemocracia en retirada, el capitalismo de la era de la
globalización ha encontrado las circunstancias adecuadas para su
expansión irrestricta. El debilitamiento de lo político comportado por
tales circunstancias ha supuesto la reducción de los Estados a un papel
subalterno, así como el despliegue avasallador de un capitalismo capaz
de afirmar su fuerza incluso a través de esos "poderes salvajes"
denunciados por Luigi Ferrajoli. ¿Qué queda, entonces, de la política?
Es imperiosa la necesidad de acometer su reconstrucción democrática,
ubicándola en las nuevas coordenadas que brinda un mundo muy distinto
del de épocas anteriores.
Convocatoria sin demagogia para un "pueblo" sin populismo
Sabido
es que en estos momentos de cuestionamiento de los esquemas políticos
tradicionales, de agotamiento de modelos de organización heredados del
pasado, es frecuente que a nuevas formaciones en el panorama político se
les aplique el rótulo de populismocon intención de
descalificar lo nuevo. No hay sino que considerar con cierta ironía que
quienes no se han privado de caer en comportamientos populistas a base
de discursos demagógicos, ahora acusen tan a la ligera a otros de lo que
ellos han practicado. Pero de todas formas, atentos hay que estar para
que no se verifiquen los riesgos de lo que en serio se pueda considerar
populismo. Es importante atender a cómo se utiliza, de forma explícita o
de maneras implícitas, la categoría "pueblo" que se halla al fondo de
proyectos de reconstrucción política que intentan dejar atrás las
referencias del pasado apelando a nuevos protagonismos políticos.
Lejos de concepciones etnicistas, si toca a la izquierda apelar al pueblo
es para promover la constitución de un sujeto político capaz de
configurar frente al poder una mayoría en torno a reivindicaciones
colectivas, convocando sobre todo a quienes, estando en la periferia del
sistema político, pueden removerlo para hacerlo efectivamente
inclusivo, también respecto a la población inmigrante. Lo subraya el
filósofo Jacques Rancière: la democracia es el sistema que se define por
la inclusión de quienes protagonizan el acto político de constituirse
como pueblo al expresar su disenso y reivindicar sus derechos, de forma
que el principio de igualdad opere contra asimetrías excluyentes.
La democracia es el sistema que se define por la inclusión de quienes protagonizan el acto político de constituirse como pueblo al expresar su disenso y reivindicar sus derechos
Es importante lo que Judith Butler señala
tras recordar que "el pueblo se halla dividido según líneas de clase":
es necesario tener en cuenta que "el objetivo final de la política no es
simplemente levantarse todos juntos para dar un nuevo significado al
'pueblo', aunque a veces sea un gesto importante para lograr un cambio
democrático radical". Movilizado el pueblo para dicho cambio la clave es
que se constituya en demos, conjunto de ciudadanas y
ciudadanos dispuestos a reivindicar y ejercer sus derechos. La
ciudadanía es así sujeto "demo-crático" que desde su pluralidad exige
igualdad, reubicándose por ello en el eje izquierda-derecha, justo para
acabar con la distancia entre "arriba" y "abajo. Conjugar la pluralidad,
superando toda pretensión de monopolio, es camino para evitar
resbalones populistas, por una parte, o caídas en la irrelevancia
política, por otra.
Pistas para reconstruir la izquierda
¿Será
posible, en medio de las crisis en que estamos inmersos, reencontrar
los rasgos que perfilen de nuevo la identidad de una izquierda atenta a
los hechos a la vez que con capacidad de alternativa? Cabe hallar
algunas pistas en torno a estos puntos:
--La izquierda es un lugar epistémico,
es decir, un lugar desde el que desplegar una visión crítica de la
realidad social y, tras el conocimiento crítico, erigir alternativas
frente a lo criticado: encubrimientos ideológicos, prácticas de dominio,
realidades injustas, amenazas medioambientales...
--La izquierda es un punto de vista moral,
que por otra parte nunca se ha de pretender acaparar, desde el cual se
asume el compromiso de una opción ética, políticamente mediada, por los
objetivos de justicia, de libertad, de igualdad que es necesario
promover para conseguir una sociedad a la altura de la dignidad humana.
--La izquierda es voluntad de compromiso,
capaz de articularse en formas de participación política y organización
democrática como vías imprescindibles para la transformación social
necesaria, alentando el protagonismo de ciudadanas y ciudadanos que
desde sus más diversas condiciones –mujeres y hombres, trabajadores,
jóvenes y mayores-- se involucran en sus propios procesos de
emancipación y de reconstrucción solidaria de la realidad social.
--La izquierda es una posición política,
identificable como contrapuesta a las posiciones de las derechas, desde
la cual sostener proyectos y programas encaminados a ser alternativa a
las políticas neoliberales y conservadoras.
--La izquierda es acción transformadora,
convirtiendo la rebeldía en capacidad de cambio teniendo a la vista,
frente a lo existente, el horizonte de lo aún no logrado que se puede
conseguir, activando la esperanza desde un imprescindible bagaje de
memoria histórica.
Si todos estos ingredientes se
conjugan tomando en serio lo que ha de ser una democracia inclusiva,
haciendo propio el feminismo, replanteando modelos ecológicos de
desarrollo, recusando las mitificaciones engañosas, acentuando las
exigencias de laicidad, recuperando la conciencia republicana y
relanzando lo que puede ser un proyecto socialista reformulado para el
mundo globalizado en el que estamos..., podemos reconstruir el perfil de
una izquierda identificable. De ella habrá que decir que se trata de
una izquierda que ha de ser reconocible en sus diversos rostros y voces.
Nadie tiene el monopolio de la izquierda, pues nadie tiene ni la
patente ni la exclusiva de lo que sea esa izquierda que, al fin y al
cabo, se verá definida por sus prácticas. En política, se es lo que se
hace.
José Antonio Pérez Tapias publicado primero en ctxt-* Creative Commons
Es miembro del Comité Federal del PSOE
y profesor decano de Filosofía en la Universidad de Granada. Es autor
de Invitación al federalismo. España y las razones para un Estado plurinacional. (Madrid, Trotta, 2013)
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| Documento de una de las resoluciones políticas del PSOE |



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