
Hace catorce años, al inicio del nuevo milenio, el Foro Social Mundial compareció en escena como respuesta de los pueblos a la globalización de los mercados. Se pensó expresamente como un lugar de encuentro versátil para movimientos, sindicatos, y asociaciones procedentes de todo el mundo y a la busca de soluciones progresistas a los problemas globales: pobreza, desigualdad, falta de democracia, racismo, devastación ambiental, injusticia social y económica. Mediante el diálogo entre iguales, así como a través de dinámicas de relaciones horizontales, el Foro ha demostrado como fuerzas sociales, procedentes de diversas partes del mundo y que se enfrentan a conflictos diferentes unos de otros, pueden converger en causas comunes logrando, de este modo, proponer una visión y un proyecto distintos para el planeta.
Con valores de este tipo, condensados en lemas como "las personas por encima de los beneficios" u "otro mundo es posible", el Foro Social Mundial ha sido el espacio en que han nacido y crecido las ideas y modos de actuar, en disposición de someter a discusión la supremacía neoliberal global. Nuestra responsabilidad común respecto a la necesidad de construir una perspectiva diferente para el mundo es aun más grande en estos días, en un tiempo en el que el fanatismo ideológico, la violencia y la regresión social se presentan como alternativa a la fuerza amenazadora de los mercados. Estas son las 'razones' que han motivado, hace sólo unos días, a quienes han sembrado de muerte y terror Túnez. La vía de estos últimos, no obstante, tiene que ser bloqueada por parte de los movimientos, mediante la conquista de los corazones y las mentes de los pobres y oprimidos. Ni la combinación de fanatismo e intolerancia ni, mucho menos, la del fascismo y el racismo pueden representar vías nuevas para el futuro. El mundo sólo podrá progresar gracias a la democracia, al respeto a los derechos, a la solidaridad y a las luchas colectivas.
Queridos amigos, tal como sabéis, Grecia ha estado en tiempos recientes, en rumbo constante de colisión con los principios cardinales del neoliberalismo. Atropellado por las desastrosas políticas de austeridad y víctima de una real y verdadera extorsión por parte de los mercados, nuestro pueblo está decidido a defender la democracia, el Estado social, los bienes públicos, el derecho a un trabajo adecuadamente pagado. Proponemos luchar por la vida, la dignidad y la justicia social, incluyendo todo esto en el ámbito de la batalla por reconducir la economía hacia loas necesidades de la sociedad, invirtiendo la actual orientación que contempla la sociedad al servicio de la economía y de los beneficios financieros.
Nuestros horizontes no están limitados por las fronteras de nuestro país. Se extienden a Europa entera. Sabemos que hay otros que siguen nuestras huellas, decididos a utilizar la fuerza de la democracia para construir un mundo más justo y un futuro luminoso. El frente que ha de encararse con el actual equilibrio de poderes en Europa ya se ha formado y se está haciendo cada día más fuerte.
Sabemos que estos acontecimientos se discutirán durante las jornadas de trabajo del Foro Social Mundial en Túnez. Sabemos que un elemento de discusión crucial se referirá al apoyo generalizado a Grecia, pero también a todos los demás pueblos que están luchando por un cambio histórico en Europa y en el mundo. Esta es la razón por la cual Grecia envía hoy un saludo lleno de optimismo, fuerza y determinación a los participantes del Foro Social. ¡Usando como arma la solidaridad vencerán los pueblos!
Alexis Tsipras es el presidente del partido unificado de la izquierda radical griega Syriza, la novedad sin duda más interesante, programática y organizativamente, de las izquierdas europeas de las últimas décadas. Es candidato a la presidencia del Gobierno heleno en las elecciones del próximo 25 de enero.
Traducción Lucas Antón
Grècia canviarà el 25 de gener, el dia de les eleccions. El meu partit, Syriza, garanteix un nou contracte social per a l'estabilitat política i la seguretat econòmica. Oferim polítiques que acabaran amb l'austeritat, milloraran la democràcia i la cohesió social i posaran a la classe mitjana de nou en peu. Aquesta és l'única manera d'enfortir la zona euro i que el projecte europeu sigui atractiu per als ciutadans de tot el continent.
Hem de posar fi a l'austeritat per tal de no deixar que la por acabi amb la democràcia. Llevat que les forces progressistes canviïn la democràcia a Europa, seran Marine Le Pen i els seus aliats de l'extrema dreta els qui ho facin. Tenim el deure de negociar de forma oberta, honesta i d'igual a igual amb els nostres socis europeus. No té sentit que cadascú estiguem al nostre costat brandant les seves armes.
Permetin-me aclarir un error de percepció: equilibrar el pressupost del govern no requereix automàticament l'austeritat. Un govern de Syriza respectarà l'obligació de Grècia, com a membre de la zona euro, de mantenir un pressupost equilibrat, i es comprometrà a objectius quantitatius. No obstant això, és una qüestió fonamental de la democràcia que un govern acabat d'elegir decideixi sobre la seva pròpia forma d'aconseguir aquests objectius. L'austeritat no forma part dels tractats europeus; la democràcia i el principi de la sobirania popular si. Si el poble grec ens confia els seus vots, la implementació del nostre programa econòmic no serà un acte "unilateral", sinó una obligació democràtica.
Hi ha alguna raó lògica per continuar amb una recepta que ajuda a metastatitzar la malaltia? L'austeritat ha fracassat a Grècia. Va paralitzar l'economia i va deixar una gran part de la població activa desocupada. Es tracta d'una crisi humanitària. El govern ha promès als prestadors del país que encara retallarà més salaris i pensions, i augmentarà els impostos el 2015. Però aquests compromisos només obliguen al govern d'Antonis Samaras - i, per això, el 25 de gener el trauran del seu lloc.
Volem portar Grècia al nivell d'un país europeu adequat i democràtic. El nostre manifest, conegut com el programa de Salònica, conté un conjunt de mesures fiscalment equilibrades a curt termini per mitigar la crisi humanitària, reactivar l'economia i que la gent torni a treballar. A diferència dels governs anteriors, abordarem els factors dins de Grècia que han perpetuat la crisi. Ens enfrontarem a l'oligarquia econòmica que evadeix impostos. Garantirem la justícia social i el creixement sostenible, en el context d'una economia social de mercat.
El deute públic ha augmentat en un sorprenent 177 per cent del producte interior brut. Aquesta situació és insostenible; el compliment dels pagaments és molt dur. En els préstecs existents, exigim terminis d'amortització que no causin recessió i no empenyin a la gent a més desesperació i pobresa. No estem demanant nous préstecs; no podem seguir afegint deute a la muntanya.
La Conferència de Londres de 1953 va ajudar a Alemanya a assolir el seu miracle econòmic de la postguerra alleujant el país de la càrrega dels seus propis errors del passat. (Grècia va ser un dels creditors internacionals que hi van participar.) Atès que l'austeritat ha provocat el sobreendeutament a tota Europa, ara demanem una conferència del deute europeu, que doni un fort impuls al creixement a Europa. Això no és un exercici de creació de risc moral. És un deure moral.
Esperem que el mateix Banc Central Europeu posi en marxa un programa autèntic de flexibilització quantitativa. Ha de ser en una escala prou gran com per curar la zona euro i per donar significat a la frase "el que calgui" per salvar la moneda única.
Syriza necessitarà temps per canviar Grècia. Només podem garantir una ruptura amb les pràctiques clientelistes i cleptocràtiques de les elits polítiques i econòmiques. No hem estat al govern; som una nova força que no deu cap lleialtat al passat. Farem les reformes que Grècia realment necessita.
Aquesta columna va ser publicada per primera vegada en el Financial Times el 20 gener 2015.
Social Europe Journal
traducció Crònica Digital
Alexis Tsipras, el dirigente del Partido Syriza en Grecia, es una gran esperanza de la nueva izquierda europea y un candidato a la presidencia de la Comisión Europea. Hace dos años, su partido casi se hizo con el poder político en un país que había sufrido un increíblemente rápido deterioro a causa de las duras medidas de austeridad: como devastado por una guerra, se convirtió como quien dice en un país del tercer mundo en el que se registraba una acelerada desaparición de la democracia y del estilo griego –europeo— vida. Si las elecciones legislativas en Grecia se celebraran mañana, Syriza las ganaría con toda seguridad. Pero la izquierda griega se halla indeciblemente dividida, de modo que sigue abierta la cuestión de si Syriza sería capaz de poder formar gobierno. Tsi`ras, 39 años, presidente del único partido de la nueva izquierda europea con posibilidades de lograr el poder político, es optimista. Como candidato de la Izquierda Europea a la presidencia de la Comisión Europea en las elecciones del próximo 25 de mayo al Parlamento Europeo, visitó Lubliana el pasado sábado (1 de marzo de 2014) y saludó al auditorio del congreso fundacional de la Izquierda Unida eslovena. El texto que a continuación se reproduce es una traducción castellana de la entrevista realizada por Bostjan Videmsek para la revista eslovena Chronos Magazine.
Tras seis años de crisis, Grecia está devastada a muchos niveles. El país ha cambiado muy rápidamente y de forma tan radical, que su actual situación nos trae a la memoria los cambios registrados en un país en guerra. Pero el experimento neoliberal sigue su curso y, entretanto, la crisis se ha convertido en un campo de negocios. ¿Dónde está el punto de inflexión? ¿Cuándo se hartará verdaderamente la gente y dirá basta a quienes están arruinando sus vidas y su dignidad?
Estos últimos seis años hemos estado viviendo en un estado de recesión continuada y de austeridad. No sólo ha pasado en Grecia, pero Grecia ha sido el conejillo de Indias del neoliberalismo en la Unión Europea, y hemos sido nosotros quienes más, y por mucho, hemos sufrido. Nada parecido había ocurrido antes en Europa. Nuestro PIB es ahora un 25% menor que antes de la crisis. El número de parados es el mayor de la UE: la tasa de desempleo roza el 30%, y la tasa de desempleo juvenil se acerca la 60%. Más de tres millones de personas [sobre una población de 10 millones] se hallan en situación de “crisis humanitaria”. Muchos han perdido su seguro de salud y están sin acceso a los servicios de asistencia sanitaria. Ellos y sus hijos. La situación empeora a cada día que pasa.
La cuestión es qué podemos hacer para frenar esta tendencia extremadamente negativa. Estamos en una situación muy difícil, pero las soluciones están ahí. Con toda seguridad, la solución no pasa por continuar la política de austeridad. La “cura” para la crisis en Grecia fue peor y causó más daños que la propia crisis. ¡Tenemos que abandonar inmediatamente esa cura y terminar con las políticas de austeridad! Tenemos que abandonar los Memorándums de austeridad firmados por la UE, Alemania y las instituciones financieras internacionales con los distintos gobiernos que se han sucedido en Grecia. ¡Tenemos que frenar a la Troika! Tenemos que empezar a poner por obra programas de crecimiento y reconstrucción de la base productiva de la economía griega.
Grecia es un miembro de la UE. Somos uno de los eslabones de la cadena que mantiene unida la moneda europea común. Luego de que la Canciller alemana Angela Merkel dijera –en su última visita a Bruselas— que la Eurozona habría colapsado si la UE no hubiera decidido adoptar un programa de rescate para Grecia, debería resultar más que evidente para todo el mundo que la Unión Europea no buscó rescatar a Grecia. Buscó rescatar al euro. A la Eurozona. Y a sus bancos.
Grecia se salvaría si un gobierno de izquierda radical llegara al poder con el apoyo popular y si se pusiera fin al mandato de la Troika. En otras palabras: tenemos que decir ¡basta! ¡No seguiremos con medidas de austeridad y con políticas impuestas a la fuerza! Queremos un programa alternativo de crecimiento y progreso. Tomaremos nuestras propias decisiones a la hora de poner en práctica ese programa: después de todo, la UE es una unión democrática. Si tenemos éxito, será un momento decisivo preparatorio de grandes cambios políticos, sociales y económicos en toda Europa.
No queda mucho tiempo. La austeridad ha devastado a buena parte de la Europa meridional y nada indica que las cosas vayan a cambiar. Al contrario. El dogma neoliberal se ha convertido en una suerte de situación natural para mucha gente. ¿Qué planes tiene Syriza para conquistar el poder político, ahora que las encuestas le dan resultados récord? ¿Esperna ustedes elecciones anticipadas en Grecia? ¿Puede haber grandes cambios con el actual sistema político y electoral?
¿Quiere usted saber qué planes tenemos luego de alcanzar el poder político?
Bueno, antes tienen ustedes que ganar las elecciones…
¡Desde luego! En las elecciones de junio de 2012 Syriza estuvo a punto de ganar, y mucha gente se percató de que todas las amenazas y mentiras difundidas por nuestros adversarios y rivales políticos, así como por los medios de comunicación establecidos, griegos y extranjeros, carecían de toda justificación. Decían que, caso de ganar nosotros, la gente perdería sus puestos de trabajo, sus ahorros y sus empresas. Decían que perderíamos todo lo que teníamos y que el sistema entero se desplomaría. Lo cierto es que todo eso ha sucedido, ¡pero a causa precisamente de la austeridad y de las medidas tomadas por nuestro gobierno! Prácticamente todo el sistema de medios de comunicación se prestó al juego de chantajear literalmente al pueblo con esas patrañas. Hicieron lo imposible para evitar que los griegos votaran a Syriza. Pero cuando se publicaron los resultados electorales y cuando el gobierno de Antonis Samaras comenzó a tomar decisiones completamente diferentes de las prometidas en el curso de la campaña electoral, la gente se dio cuenta de que habían sido víctimas de un chantaje. Se percataron de la falsedad de las promesas realizadas. Y de que hasta las amenazas eran falsas. La situación en Grecia empeoró drásticamente con la ocupación del poder político por parte de la Nueva Democracia de Samaras coaligada con el PASOK. Esos dos partidos son, con mucho, los mayores responsables de la actual situación en Grecia. Pretendían ser los salvadores de Grecia, y lo que han conseguido es destruir al país y arruinar las vidas de las gentes.
Yo estoy seguro de que el grueso de los votantes se halla ahora dispuesto a dar el paso que no dieron en junio de 2012. Tras las próximas elecciones –cuando quiera que se celebren—, nos convertiremos en un partido mayoritario en el parlamento [al partido ganador en el parlamento griego, la ley electoral vigente le concede una ventaja adicional de 50 escaños]. Los problemas a los que tendremos que enfrentarnos serán enormes, la cosa no ofrece duda. Tendremos que trabajar arduamente, porque la situación del país solo puede ir a peor. Llegaremos al poder en un país cuya base productiva ha sido destruida y con una tasa de desempleo desapoderadamente elevada. Grecia es un país que se halla en una profunda “crisis humanitaria”. Por eso tendremos que cooperar con otros partidos políticos y con movimientos de la sociedad civil.
Si usted gana las elecciones, ¿cuál será el primer mensaje a Bruselas y a Berlín?
No hay soluciones fáciles. Lo hemos dicho repetidamente. Nuestra prioridad es la prevención de la destrucción y la catástrofe. Por eso buscamos una dura negociación con nuestros socios en Bruselas. Nos gustaría encontrar una solución “colectiva” satisfactoria para todas las partes. La situación en la Unión Europa y en la Eurozona es extremadamente complicada. El programa de rescate a Grecia no sólo ha resultado en un colapso económico y social, sino también político. Antes de firmarse los Memorándums de austeridad, la deuda pública griega representaba el 120% del PIB. Hoy, tras años de medidas de austeridad, rebasa el 175%. Y sigue creciendo. Es meridianamente claro para cualquiera que no puede gestionarse una crisis con una deuda pública tan elevada, y todo el mundo sabe que Grecia nunca será capaz de devolver tamaño volumen de dinero. La única solución pasa por la condonación de una gran parte de la deuda.
Propondremos a nuestros acreedores que renuncien al 50-60% de la deuda griega. Será una solución adecuada para un país profundamente endeudado y para sus acreedores. Si nuestra deuda pública sigue creciendo, muy pronto dejará de haber soluciones factibles y tendremos que declararnos en bancarrota. En tal caso, los acreedores perderían todo su dinero. Pero si somos capaces de alcanzar un acuerdo, todos saldrán ganando. Grecia será capaz de mantenerse en pie y tendrá oportunidades para pagar el resto de su deuda. Una condonación parcial de la deuda no es, desde luego, una solución radical, y la historia registra muchos precedentes. La comunidad internacional condonó el grueso de la deuda de Alemania en la Conferencia de Londres de 1953, porque el país había resultado devastado en el curso de la II Guerra Mundial: un 60%, más o menos. Se logró un acuerdo, por el que Alemania pagaría el resto de la deuda si su economía comenzaba a crecer.
Es verdad… pero en Alemania. El Plan Marshall estaba ya funcionando y (sobre todo) los Estados Unidos de América, que ocupaban una gran parte del territorio de la Alemania de posguerra, estaban muy interesados en la recuperación de la economía alemana. ¿Se puede decir algo análogo de Grecia?
El Plan Marshall no sólo se puso en práctica en Alemania, sino muchas otras partes de Europa. Y Europa necesita ahora una Conferencia de este tipo que adoptara una moratoria sobre el pago de la deuda. Podría llevar a un New Deal europeo: necesitamos eso desesperadamente, sobre todo para financiar el crecimiento y las inversiones en la Periferia europea. Podría ser el paquete de medidas conveniente para poner fin a la crisis. La economía empezaría pronto a crecer, y todos nos beneficiaríamos de eso. Yo creo que es una expectativa harto realista, y esa es la propuesta que hacemos a los acreedores. ¿Hay otra propuesta a la vista? ¿Cuál es la propuesta de los actuales dirigentes de la UE y de la hegemonía alemana en la UE? Lo que proponen es una división de Europa. Están dividiendo a Europa entre países presuestariamente superavitarios y países presupuestariamente deficitarios. Entre Norte y Sur. Entre ricos y pobres. ¡Ese no es el futuro de la Europa que queremos! Esa situación no tiene que ver con la idea básica de una Europa fundada en la solidaridad. Pero para presentar nuestra propuesta, lo primero que necesitamos es el mandato del pueblo griego.
La que sugerimos es la única solución real para toda Europa. Yo creo que la señora Merkel es una política realista. Hasta ahora, ninguno de sus socios europeos se ha presentado ante ella con una contrapropuesta seria. Cuando las cosas vayan demasiado lejos, se verá obligada a comenzar a negociar para encontrar una solución nueva y eficaz. Alemania y la Unión Europea no quieren asistir al colapso de la Eurozona, porque todos perderían.
Pero los autores de la política de austeridad no soltarán su proyecto así como así. Lo han creado con la ayuda de las instituciones financieras internacionales y de las elites locales. El proyecto de transformar la Europa meridional en una región de fuerza de trabajo barata y rebosante de “zonas económicas libres” con derechos humanos y laborales limitados. Es decir, el proyecto de hacer de la Europa meridional una región “asiática dentro de Europa”: un proyecto bastante exitoso, realmente. Usted mismo mencionó eso en conversaciones anteriores. ¿Por qué deberían apearse de él y cambiar nada?
Ellos mismos han admitido que cometieron errores. Y en el caso de Grecia, que cometieron muchos errores.
Es verdad que representantes del Fondo Monetario Internacional (FMI) dijeron eso. Pero suena más a una “autocrítica aceptable” que realmente no dice nada…
Los representantes del FMI llegaron a decir en el informe al que se acaba de aludir que “cometieron graves errores”. El Parlamento Europeo acaba de declarar que la Troika no tenía legitimidad para actuar. Resulta un tanto extraño: admiten sus errores y dicen que no aplicaron la terapia correcta para nuestra enfermedad, y al propio tiempo, mantienen la presión sobre Grecia para que cumpla con sus exigencias y siga las líneas de los Memorándums de austeridad… [risas]
Yo estoy convencido de que para Grecia –y en general, para la crisis— no hay solución tecnocrática. La solución sólo puede ser política. Lo que cuenta en política es la correlación de fuerzas, no las emociones. Es la única vía para cambiar cualquier cosa. No convenceremos a nuestros socios internacionales con apelaciones a la solidaridad; sólo lo lograremos mostrándoles claramente que tienen mucho que perder si persisten en la actual política de austeridad. Cuando Angela Merkel se percate de que puede salir perdiendo, cambiará su forma de hacer las cosas.
Alemania ha ganado un montón de dinero con la crisis de la Eurozona y la crisis de los países de la Periferia europea, y la señora Merkel no tuvo que cambiar su forma de pensar. Todo el mundo se llena la boca y la pluma con los malhadados contribuyentes alemanes y europeos obligados a pagar por el rescate de Grecia, aun cuando eso es una gran mentira. Los contribuyentes pagan por el rescate de los bancos: el 98% de todo el dinero del rescate fue a parar directamente al agujero negro de los bancos para pagar sus deudas. Sólo el 2% de todos los paquetes de rescate fue a parar a la economía real. Entretanto, Alemania ganó un montón de dinero con sus bonos públicos (cerca de 40 mil millones de euros en cuatro años). Y durante ese período, Alemania y otros países que sostenían el mecanismo de rescate apenas pagaron 800 millones de euros para ayudar a los países en apuros. La crisis ha sido un proyecto muy rentable para Alemania, y es claro que sus representantes políticos no tienen ahora el menor interés en ponerle fin precisamente ahora. Pero tampoco quieren destruir una moneda, el euro, que tanto dinero les ha reportado; no quieren volver al viejo marco alemán. Por eso creo que, al final, seremos capaces de discutir esos problemas.
El precio que Grecia tuvo que pagar durante esos años de crisis no fue sólo económico, social y político. La crisis ha socavado la democracia. No sólo a causa del terrible auge del partido neonazi de Alba Dorada y su brutal violencia contra los inmigrantes, sino también a causa del desplome de los valores y de las instituciones democráticos. Grecia ha cambiado de muchas formas. ¿Cómo puede frenarse la “sedimentación” de la libertad? ¿Cómo pretenden ustedes luchar contra las corrientes sociales negativas?
Lleva usted razón. La primera víctima de la crisis y de los Memorándums de austeridad ha sido la democracia misma. Pero la esperanza no ha muerto todavía: con cambios políticos radicales y un robusto mandato popular para el nuevo gobierno venidero se generará seguramente también una nueva atmósfera política en Grecia. El nuevo gobierno tendrá que incorporar e incluir al pueblo, lo que significará una ciclópeo paso hacia delante en la evolución de las cosas. Si llegamos a conseguir el poder político en el país, democratizaremos las instituciones. Tomaremos decisiones conjuntamente con el pueblo, y no sin él, como es notorio que hicieron los gobiernos anteriores. Eso vale para todas las decisiones cruciales que pretendemos tomar. Por eso habrá muchos referéndums en la Grecia del futuro: por esa vía buscaremos contrastar repetidamente la confianza depositada en nosotros por el pueblo. Pediremos su participación en el proceso de toma de decisiones.
Pero disponer del poder político y tener influencia real son dos cosas distintas en Grecia. Aun cuando formemos gobierno, una buena parte del poder seguirá en manos del capital. Quiero decir: en manos de las grandes empresas, de los oligarcas, de los constructores navales, de los banqueros, de los propietarios de los grandes medios de comunicación… Nos veremos implicados en un gran conflicto, y tendremos que prepararnos para esa situación. En pleno conflicto, necesitaremos la ayuda de la gente del común. Por eso no nos cansamos de repetir: si queremos lograr cambios políticos radicales, necesitamos una movilización política. La necesitamos cada día, no sólo el día de las elecciones.
Tras varios años de protestas que no consiguieron cambiar prácticamente nada y tras varios años de tercermundización del país, los griegos están exhaustos. Muchos de ellos se han distanciado deliberadamente de la política, a la que ven con creciente disgusto. No es que sean apolíticos, es que se han vuelto antipolíticos. Se han refugiado en los movimientos de la sociedad civil griega, que son, y por mucho, los más activos y progresistas de Europa. ¿Cómo piensa usted convencer a esa masa crítica de la población que experimenta una gran ansiedad en lo tocante a su futuro?
Es muy cierto lo que usted dice. La gente está cansada y encolerizada. Pero la esperanza es una necesidad humana básica, lo que explica que todos andemos buscando salir de esta difícil situación. La tarea de Syriza es volver a ofrecer a la gente una esperanza realista de futuro.
La gente está harta de todo. El problema es que no creen en la posibilidad de grandes cambios. Los griegos son muy reacios ahora a pasar a la acción. Han sido muy activos estos cuatro últimos años, especialmente en 2010 y 2011. Ahora hay que reorientar hacia la política sus esperanzas de cambio, hacia la posibilidad de un cambio político. Toda la rabia y toda la decepción pueden moverles a tomar parte en las elecciones. Y esas gentes, definitivamente, votarán por Syriza. Pero si la gente que, decepcionada de todo, decide votarnos cree que sus problemas se terminarán una vez hayan depositado su papeleta en las urnas, tendremos un grave problema. No es sólo su voto lo que necesitamos. Necesitamos su energía, su participación activa, su cooperación, su movilización. Y las necesitamos cada día. No sólo antes y durante las elecciones, sino luego también.
¿No ha tenido usted nunca la sensación a lo largo de estos últimos años de vivir al borde de un enorme estallido social, si no de algo peor?
No. No creo que la situación haya llegado a ese punto crítico. El conflicto social está aquí, huelga decirlo, pero no es tan grande. La gente protesta todavía mucho, pero no tanto como solía antes. Están en la calle. Hacen lo que está en su mano, pero el gobierno no los escucha. Al contrario, las autoridades les envían a la policía y se sirven de la violencia para parar las protestas.
La violencia continúa. Y no me refiero tanto a la violencia de la policía, cuanto a la de los medios de comunicación. Es violencia psicológica. Todo el mundo sabe a estas alturas que las medidas de austeridad y la política que va con ellas son erróneas. Pero los medios de comunicación no se cansan de repetir que esas medidas son correctas, que lo política del gobierno es correcta y que vamos en la dirección correcta. No se puede creer la pasión puesta por los medios de comunicación en su apoyo al gobierno de Antonis Samaras y su Nueva Democracia. Lo que redunda en una mayor decepción de la gente: no sólo vienen los medios de comunicación en apoyo directo del gobierno, sino que crean la sensación general de que no hay otra opción factible. Que no hay alternativa. Que tendremos que sufrir hasta la muerte y que nada podemos hacer. Así están las cosas. Al propio tiempo, acusan a todo el mundo que trate de pensar diferente de no ofrecer sugerencias para lidiar con la crisis. Una situación harto peculiar. La mejor forma de describir la atmósfera que se respira en Grecia sería decir que la gente está deprimida. Ponen todas sus esperanzas en los cambios políticos: las últimas encuestas de opinión muestran que la gran mayoría de los griegos cree que Syriza ganaría ahora unas elecciones anticipadas.
Así pues, les ven a ustedes como a una suerte de fármaco antidepresivo…
Ja, ja, no estaría mal como consigna… El problema es que esa mayoría de gentes que creen que ganaríamos las elecciones no cree que seamos capaces de traer cambio alguno.
¿Porque disponer del poder político no es lo mismo que tener una influencia real en Grecia, como usted mismo ha dicho antes?
Esa es una de las razones. Pero en este caso no se trata de una “visión teórica”; se trata de emociones. De sentimientos. Muestra a las claras hasta qué punto está decepcionado todo el mundo. Los medios de comunicación se las han ingeniado para terminar por convencerles de que no hay otra vía que la de la austeridad, y de que nuestro destino está escrito y sellado. Tenemos que sufrir.
Yo soy un gran optimista. Ganaremos las elecciones. Pero tendremos que enfrentarnos a grandísimos problemas. Tendremos que convencer a las gentes de que empiecen a participar en el proceso político, porque depositar la papeleta en las urnas no significa mucho. Si Grecia consigue un gobierno de izquierda, la gente tendrá que participar en política más que nunca.
Ustedes no serán capaces de gobernar solos el país: ¿cómo se puede unir a unos partidos de izquierda que, como los griegos, ostentan el récord mundial de la división y la pugna intestina? Después de todo, un movimiento de izquierda pega aquí sus afiches callejeros sobre los afiches de otro, y luego un tercer y hasta un séptimo vienen a pegar sucesivamente sus carteles sobre los anteriores de otros movimientos y partidos de izquierda: ¿no está minando a la izquierda griega (y no sólo a ella) una especie de dictadura de los pequeños narcisismos?
Precisamente por eso Syriza es una historia de éxito. Hemos logrado unir a trece movimientos distintos de izquierda. Somos un partido “fundamentalista”, curiosamente capaz de unir a gentes con muy distintos puntos de vista… [risas]. Eso es verdad especialmente en una época de grandes oposiciones y de total fragmentación de los movimientos de izquierda. Nosotros fuimos los únicos que declaramos no estar interesados en las divisiones de los movimientos de izquierda. Que deseábamos cooperar sinceramente, porque sólo una izquierda griega unida podría hacer algo importante. El Partido Comunista de Grecia se opuso a nosotros. Su enfoque es harto conocido: cualquiera que esté cerca de ellos es su peor enemigo, peor incluso que los enemigos reales de la derecha. Acusan de muchas cosas a otros partidos y movimientos de izquierda, y se comportan muy agresivamente con ellos. Nosotros decidimos no jugar a su juego, no responder a sus acusaciones y no devolverles los ataques. Por lo demás, siempre estaremos dispuestos a ofrecerles propuestas de cooperación. Nuestro enemigo no está en la izquierda, sino en el otro lado. Aparte del desencanto con otros partidos, eso fue lo que ayudó principalmente a la creación del fenómeno Syriza: la capacidad para conectar, para unir. Y, claro está, nuestra determinación a no limitarnos a protestar y a criticar, sino a gobernar el país también.
En Eslovenia, la situación entre los movimientos políticos de izquierda no es muy diferente. La diferencia es que no tenemos una Syriza…
Pero lograsteis formar una coalición de izquierda unida que sigue el paradigma de Syriza. Yo creo que eso es una razón para ser optimista. Es algo que llama a la esperanza. Para mí y para cualquiera de Syriza eso fue una gratísima sorpresa. Sería bueno que en todos los países de la Unión Europea en los que se han puesto en práctica procesos de “saneamiento” neoliberal la gente formara movimientos opuestos a esos enfoques y presentaran alternativas.
Hay muchísimas oportunidades para hacer eso. Especialmente tras la última revisión de las consecuencias desastrosas de la política de austeridad en la Europa meridional. Yo estoy convencido de que los grandes shockspolíticos, sociales y económicos, lo mismo que en la vida, traen siempre consigo nuevas oportunidades y abren nuevos espacios de acción. El espacio ha de llenarse. Tienes que estar en el lugar oportuno en el momento oportuno. Es decir, que vivimos en unos tiempos en los que los partidos políticos tienen gravísimos problemas con la participación popular. Los partidos que tradicionalmente representaron a las clases medias han dejado de hacerlo. Eso vale especialmente para los socialdemócratas, que se han acercado mucho a los partidos conservadores a lo largo de estos diez últimos años en Europa. No se aprecian las diferencias. Han incluido la agenda neoliberal en sus programas. Eso ha creado un espacio para la política de la izquierda alternativa. Es preciso llenarlo con un programa claro, capaz de cambiar a mejor las vidas de las gentes. Yo sugiero a mis colegas eslovenos que tal vez no disfruten ahora mismo de un gran apoyo público que se conviertan en una fuerza política que diga alto y claro a la gente que quiere gobernar el país. Una fuerza que cambiará las cosas a mejor.
Traducción para www.sinpermiso.info: Ventureta Vinyavella
* Crónica publica este artículo usando su/nuestra licencia Creative Commons

En el otro lado, se despliega un proyecto biopolítico neoliberal. Su objetivo es controlar cuerpos y mentes a través de la política del miedo. Para disciplinar la vida humana en su totalidad. Para intensificar la explotación de mano de obra y aumentar las ganancias del capital.
Tengo el privilegio de dirigirme hoy a vosotros, aquí en el corazón de Londres, para declarar que somos parte del experimento de la democracia. En Syriza creemos que los cambios democráticos radicales son la única manera que los ciudadanos de Europa tenemos para salir de la crisis.
No es una ilusión optimista. Es la conclusión convincente de argumentos racionales y de análisis detallados.
Es un hecho ampliamente aceptado que la estrategia de las élites europeas y del gobierno griego no puede proporcionar una perspectiva viable de salida de la crisis. Lo único que la austeridad ha logrado es hundir a Europa en la depresión económica y arrojar a Grecia a una crisis humanitaria sin precedentes. La austeridad está conduciendo a la economía y a la sociedad griegas por un camino catastrófico. ¡No es una afirmación, es un hecho! Numerosos informes de las instituciones europeas e internacionales lo confirman
Sólo voy a mencionar algunos de los datos estadísticos más llamativos. Este es el sexto año consecutivo de recesión económica. Los últimos pronósticos de Morgan Stanley predicen lo misma para el próximo año. La economía griega se ha contraído un 20% desde 2008. Trabajadores y pensionistas han perdido más del 30% de sus ingresos en los últimos tres años. El desempleo sigue aumentando y se acerca a un aterrador 30%, con un desempleo juvenil de casi un 60%. Una nueva oleada de emigración está llevando al extranjero a cientos de miles de licenciados y científicos altamente calificados, lo que socava cualquier recuperación futura.
Las políticas de austeridad han provocado recortes en las prestaciones, desregulado el mercado de trabajo y deteriorado el limitado Estado de bienestar que teníamos.
La negociación colectiva ha sido eliminada y todos los aspectos de la vida han sido sometidos a las exigencias del beneficio capitalista y de la disciplina presupuestaria.
Las élites europeas y el gobierno griego tienen pruebas suficientes de que estas políticas no pueden producir ningún resultado positivo. El FMI ha confesado que sus economistas han fracasado en todo intento de predecir las consecuencias de los recortes horizontales [esto es, generalizados a todos los ámbitos] y de otras medidas de austeridad.
Todo el mundo sabe ahora que las políticas de austeridad crean un círculo vicioso de austeridad, recesión y aumento de la deuda. ¿Por qué entonces los gobernantes europeos y griegos siguen con esta estrategia autodestructiva?
La respuesta es obvia. Sus verdaderos objetivos son diferentes a los oficial y públicamente anunciados. En realidad apuntan a una transformación total de la estructura social. Buscan la creación de un entorno económico basado mano de obra barata, zonas económicas especiales, desregulación del mercado laboral, exenciones fiscales para el capital y privatización extensiva de bienes y servicios públicos.
Las élites europeas y griegas utilizan la deuda pública como chantaje para la imposición de esta estrategia. Su esquema consiste en una tecnología del poder con el objetivo de excluir programas políticos alternativos.
Si la deuda no existiera, las élites tendrían que inventarla. Las políticas de austeridad derivadas de la crisis de la deuda no son impuestas a Grecia por la Troika.
Samaras y sus aliados políticos, el PASOK y la Izquierda Democrática, desempeñan un papel crucial en la instigación, planificación y ejecución de los programas de austeridad. Esto se hizo más que evidente cuando la "troika interna" rechazó nuestra petición para renegociar el Acuerdo de Servicio de Préstamo, incluso después de que el FMI admitió su repetido error multiplicador [esto es, que los efectos recesivos sobre el PIB de las políticas de ajuste presupuestario eran mucho mayores de lo esperado]. El Gobierno griego está dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias con el fin de complacer a sus aliados sociales: el gran capital y las élites corruptas. Su voluntad de aplicar plenamente este programa catastrófico ha transformado dramáticamente el estado y conlleva peligros sin precedentes para la democracia. La coalición que sostiene a Samaras ha intensificado la tendencia iniciada por el gobierno de Papadimos: eluden la separación de poderes y la Constitución para aprobar nuevas leyes a través de decretos ministeriales y sin aprobación del Parlamento.
La austeridad ha dado lugar a una desobediencia y una resistencia popular crecientes, y ha provocado una represión policial sin precedentes. En Grecia se ha impuesto algo muy parecido a un estado de excepción. Se han desatado una violencia del Estado y una represión ilimitada contra cualquiera que se atreva a resistir. Las libertades civiles y los derechos constitucionales son constantemente violados. Las torturas de detenidos por la policía griega denunciadas por The Guardian son,. por desgracia, sólo uno entre muchos ejemplos. Otro ejemplo es la violenta represión policial en Chalkidiki, donde la comunidad local se resiste a la puesta en marcha de una mina de oro que sería ambientalmente catastrófica. Los continuos ataques contra los inmigrantes por parte de matones fascistas, bajo la protección o la tolerancia policial, han creado un ambiente de guerra no declarada en las calles de Atenas y de toda Grecia.
El gobierno no duda en poner en práctica sus planes catastróficos. Ha puesto en marcha un desplazamiento violento hacia la extrema derecha, poniendo en peligro la tradición europea liberal y humanista y la propia democracia.
El plan de Samaras es claro. Con el pretexto de la ley y el orden, está tratando de crear un polo político que detenga el avance de la izquierda. Aprovecha los reflejos conservadores y el justificado temor de las víctimas de la crisis económica para atraer a los votantes de Amanecer Dorado, el partido neonazi en auge. El último episodio de este drama político tuvo lugar hace tres días, cuando se supo que el ministro del Interior ha nombrado a un apologista del nazismo y revisionista del holocausto como asesor en cuestiones de nacionalidad e inmigración, que aún se mantiene en ese puesto pese a las peticiones de dimisión.
Syriza tiene la responsabilidad política y moral de poner fin a este desastre social. Somos responsables, no sólo ante nosotros mismos y ante las generaciones futuras. Somos responsables hacia la tradición europea y la visión europea. Hacia nuestro propio pasado y hacia nuestro futuro.
Pero, ¿tenemos una respuesta? ¿Existe una alternativa a la dominación neoliberal en Grecia y en Europa? ¿O somos, como dicen nuestros críticos, demagogos y populistas que sólo sabemos negar lo obvio y engañar?
Para nuestros rivales políticos siempre es más fácil llamar populista y demagoga a cualquier persona que resista. Cada fuerza política que tiene una agenda política y una visión alternativa, cada agente político que se atreva a negar sus soluciones monodireccionales, es denunciado como utópico o como fraudulento.
A esto respondemos enfáticamente: estamos haciendo una política afirmativa. Todos y cada uno de nuestros "No" es seguido por un Sí decisivo. Afirmamos una estrategia política para la justicia, la igualdad y la libertad. Un plan para la emancipación humana. Pero no somos utópicos. Sabemos que para cambiar la situación tenemos que ser idealistas y visionarios, pero también extremadamente pragmáticos. Un pragmatismo que, sin embargo, está sometido a nuestra visión hacia un cambio radical.
Este pragmatismo no es un paso atrás sino una precaución necesaria. Porque sabemos que para tener éxito debemos confiar en el poder del pueblo, en el poder productivo de la democracia y de la participación. Nunca vamos a comprometer nuestros principios.
¿Cuál es la alternativa para Europa y Grecia?
Syriza ha declarado que un futuro gobierno tiene que poner fin a las políticas de austeridad y, al mismos tiempo, renegociar el Acuerdo de Servicio de Préstamo con nuestros acreedores. Syriza sostiene que una estrategia económicamente viable debe seguir el modelo del Acuerdo de Londres sobre la Deuda en 1953, que dio empuje inicial a la economía de la posguerra alemana y ayudó a crear el "milagro económico" de la posguerra.
Vamos a volver a insistir en este punto. Sin el Acuerdo de Londres no habría habido ningún milagro económico alemán. Los elementos centrales de ese acuerdo fueron la reducción de la deuda, una fuerte inversión a través del Plan Marshall y la vinculación de las condiciones de financiación a las exportaciones y al crecimiento.
No vemos ninguna razón por la que en 2013 esa solución no sea también el camino adecuado para el Sur de Europa y para Grecia. ¿Por qué no podemos tener una nueva conferencia sobre la deuda en el Sur de la zona euro? ¿Por qué hemos aceptado expectativas tan minúsculas, porque hemos aceptado ese enfoque conservador, cuando está claro que ha fracasado el enfoque "paso a paso" y "país a país".
Este nuevo acuerdo es sólo un aspecto de nuestro proyecto político. Somos muy conscientes de que la economía griega no puede recuperarse si no implementamos una serie de reformas económicas, institucionales y democráticas, lo que cambiará radicalmente el panorama de la sociedad griega y del Estado.
Nuestra primera prioridad es la de congelar todas las medidas de reducción de los salarios y las pensiones y restablecer el salario mínimo a niveles similares a los existentes antes del Memorando. Ese será un paso crucial en nuestros esfuerzos para detener la espiral descendente de la depresión económica y para restablecer la dignidad y las perspectivas de la clase obrera griega.
La restauración del salario mínimo es una condición necesaria para salir de la crisis y sería una victoria para las clases y fuerzas sociales que la izquierda representa.
También es el momento de proponer una reforma fiscal radical que redistribuirá la carga impositiva y restaurará la justicia.
Es bien conocido por los políticos progresistas y los activistas, pero también por la troika y el gobierno griego, que la carga de la crisis ha recaído exclusivamente sobre los trabajadores de los sectores público y privado y sobre los jubilados. Esto tiene que parar. Es hora de que los ricos contribuyan con su parte a nuestro intento de salir de la crisis. Nos comprometemos a esa tarea. Vamos a enfrentar el antiguo problema de la evasión fiscal, tanto la ilegal como la legal. Vamos a perseguir y gravar el capital retirado de Grecia para comprar pisos de lujo en Mayfair y Chelsea. Vamos a garantizar la viabilidad del sistema bancario mediante la introducción del control social y público de los bancos. El sistema bancario que prevemos apoyará la inversión pública ambientalmente viable y las iniciativas cooperativas.
Se promoverá la calidad de los productos regionales, las fuentes de energía renovable y cruciales proyectos de mejora de infraestructuras.
Lo que necesitamos es un sistema bancario dedicado al interés público, no uno que reverencie la ganancia capitalista. Un sistema bancario al servicio de la sociedad, un sistema bancario que sirva de pilar para el crecimiento.
Las reformas económicas, sin embargo, son necesarias pero no suficientes para salir de la crisis. Necesitan ser complementadas con cambios drásticos en el sistema político y administrativo. Necesitamos restaurar la confianza en la capacidad de la democracia para proporcionar soluciones para toda la población. Esto es por supuesto una tarea enorme, que requiere la movilización de todas las fuerzas sociales interesadas en la la lucha contra la corrupción, el nepotismo, el clientelismo y la ineficiencia del sector público.
Ninguno de estos objetivos políticos se puede lograr, por supuesto, sin el apoyo y la participación popular. Este es exactamente el elemento nuevo que queremos introducir en el sistema político. Los trabajadores, los pensionistas, los jóvenes y los desempleados son sólo observadores pasivos de los acontecimientos políticos. Están casi totalmente excluidos de los procesos de toma de decisiones. Esto, también, tiene que acabar. Todas las fuerzas vitales de nuestra sociedad tienen que recuperar su papel en la política y la toma de decisiones. Y el Estado debe ser transformado radicalmente con el fin de apoyar la visión de una sociedad que toma en sus propias manos su vida actual y las perspectivas futuras.
El programa político que presenta Syriza incluye un completo proyecto de nueva hegemonía. No se trata sólo de ganar las elecciones y de formar un gobierno; se trata de ganar poder y de que Grecia se transforme en una dirección socialista y democrática.
Como Gramsci escribió en una ocasión, el príncipe moderno, el partido político de la izquierda, tiene que "llegar a ser la base de un laicismo moderno, de una transformación popular, de una completa reconstrucción popular de toda la vida y de todas las relaciones habituales.
No partimos de cero en este esfuerzo. Los movimientos y las fuerzas políticas de la izquierda europea hemos logrado mucho. Mucho más de lo que cualquiera hubiera esperado hace unos años.
Nada ha seguido siendo igual tras las rebeliones de 2011, de los indignados de la Puerta del Sol y de la Plaza Syntagma, de la resistencia sin precedentes en todo el mundo.
El verano pasado, Syriza estuvo cerca de ganar las elecciones y dar un paso más hacia el derrocamiento en Grecia de la élite política corrupta y peligrosa. No tuvimos éxito entonces.
Pero lo tendremos muy pronto. Y no estamos solos.
Una nueva oleada de luchas populares está surgiendo en toda Europa. El equilibrio de poder ha comenzado a cambiar.
De Lisboa a Madrid, de París a Atenas, una nueva oleada de movilización y resistencia ha comenzado. Pronto llegará a Londres.
La política de austeridad llegará a su fin. Lo que necesitamos hacer es supervisar ese final de la austeridad.
La resistencia está en el aire y a partir de la resistencia crece la semilla del cambio.
Por primera vez desde los años 80, Europa está en ascuas. Se encuentra en una encrucijada. O bien se sigue el camino de un estado de excepción permanente, con el objetivo de controlar la creciente resistencia popular, o bien se elige -y es lo que vamos a hacer- un acto radical de cambio que transformará por completo la economía y la política.
Nosotros, la izquierda europea, necesitamos aprender de la resistencia de los movimientos populares y, al mismo tiempo, necesitamos ser capaces de expresar sus aspiraciones en el plano político, precisamente con el fin de cambiar lo que la política significa.
Tenemos que abandonar la actitud gerencial de los precedentes tecnócratas y burócratas. Tenemos que unirnos con la gente y expresar sus aspiraciones a un mundo justo e igualitario. Nuestro objetivo no es sólo para rescatar a la economía de la agonía de la austeridad neoliberal. Nuestro objetivo es cambiar el paradigma capitalista dominante.
No seremos capaces de alcanzar nuestros objetivos sin la solidaridad y la ayuda de la izquierda Europea y de los sindicatos. Nuestra lucha es la misma.
El futuro de Grecia, el futuro de Europa depende de nuestro éxito.
* Traducción recibida por medio del colectivo Trasversales.
Febrero de 1953. La República Federal de Alemania (RFA) se hunde bajo el peso de las deudas y amenaza con arrastrar al conjunto de los países europeos en la tormenta. Preocupados por su propia salud, sus acreedores –Grecia, entre ellos— toman nota de un fenómeno que sólo a los liberales ha soprendido: la política de "devaluación interna", es decir, de reducción de los salarios, no garantiza la devolución de las deudas. Todo lo contrario.
Reunidos en Londres y en el curso de una cumbre excepcional, 21 países deciden revisar sus exigencias para ajustarlas a las capacidades reales de su socio en punto a honrar sus obligaciones. Resuelven amputar el 60% de la deuda nominal acumulada por la RFA y le conceden una moratoria de cinco años )1953-1958), así como un aplazamiento de treinta años para su reembolso. Instituyen asimismo una "cláusula de desarrollo", por la que se autoriza al país a no consagrar a servicio de la deuda más de una vigésima parte de sus ingresos de exportación. Europa hace ahora lo contrario de lo dispuesto por el Tratado de Versalles (1919), sentando así las bases del desarrollo de la Alemania Occidental de postguerra.
Y esa es exactamente la propuesta que hace ahora la Coalición de la Izquierda Radical Griega (Syriza): proceder a redropelo de los pequeños tratados de Versalles que imponen la Canciller alemana Angela Merkel y su ministro de finanzas Wolfgang Schäuble a los países europeos endeudados e inspirarnos en uno de los más clarividentes momentos que haya conocido la Europa de postguerra.
Los programas de "rescate" de los países de la Europa meridional han fracasado, generando unos pozos sin fondo que supuestamente tendrían que llenar los contribuyentes. Nunca ha urgido tanto llegar a una solución global, colectiva y definitiva del problema de la deuda. Y no se entendería que se escamoteara objetivo así sólo para garantizar la reelección de la Canciller alemana.
En estas condiciones, la idea avanzada por Syriza de una conferencia europea sobre la deuda, conforme al modelo de la Conferencia de Londres sobre la deuda alemana en 1953, representa, a nuestro entender, la única solución realista y beneficiosa para todos: una respuesta global a la crisis del crédito y a la constatación del fracaso de las políticas puestas por obra en Europa.
He aquí, pues, lo que exigimos para Grecia:
- Una reducción significativa del valor nominal de su deuda pública acumulada.
- Una moratoria sobre el servicio de la deuda, a fin de que las sumas conservadas vayan vinculadas a la recuperación de su economía.
La instauración de una "cláusula de desarrollo", a fin de que el pago de la deuda no mate el germen mismo de la recuperación económica.
- La recapitalización de los bancos, sin que las sumas en cuestión entren en la contabilidad de la deuda pública del país.
Esas medidas deberán ir ligadas a reformas orientadas a una más justas distribución de las riquezas. Poner fin a la crisis implica, en efecto, romper con el pasado que la ha incubado: poner por obra la justicia social, la igualdad de derechos, la transparencia política y fiscal; en una palabra, la democracia.
Un proyecto así resultará impracticable sin el concurso de un partido independiente de la oligarquía financiera, ese puñado de jefes de empresa que han tomado como rehén al Estado, de armadores navieros solidarios entre sí y –todavía en 2013— exentos de impuestos, de patrones de grupos mediáticos y de banqueros ubicuos (y en bancarrota), todos ellos responsables de la crisis y del esforzados mantenedores del statu quo.
El informe anual para 2012 de la organización no-gubernamental (ONG) Transparency International coloca a Grecia como el país más corrupto de Europa.
La propuesta más arriba esbozada constituye, en nuestra opinión, la única solución, a no ser que lo que se quiera es el crecimiento exponencial de la deuda pública en Europa, la media de la cual rebasa ya el 90% del PIB.
Lo que nos hace optimistas: nuestro proyecto no podrá rechazarse, pues la crisis toca ya al núcleo duro de la zona euro.
La dilación no trae consigo sino el crecimiento del coste económico y social de la situación actual, no sólo para Grecia, sino también para Alemania y para el resto de los países que han adoptado la moneda única.
Durante doce años, la zona euro –inspirada en los dogmas liberales— ha funcionado como una simple unión monetaria, sin equivalente político y social.
Los déficits comerciales de los países del Sur constituían la imagen especular de los excedentes registrados en el Norte.
La moneda única, por lo demás, ha servido a Alemania para "enfriar" su economía tras la costosa reunificación de 1990.
Pero la crisis de la deuda ha trastornado ese equilibrio. Berlín ha reaccionado exportando su receta de austeridad, lo que ha traído consigo el agravamiento de la polarización social en el seno de los Estados meridionales y las tensiones económicas en el corazón de la zona euro.
Aparece ahora un eje Norte-acreedor/Sur-deudor, nueva división del trabajo orquestada por los países más ricos.
El Sur se especializará en los productos y los servicios con fuerte demanda de mano de obra con bajos salarios; el Norte, en una carrera hacia la calidad y la innovación, con salarios más elevados (para algunos).
La propuesta del señor Hans-Peter Keitel, presidente de la Federación Alemana de la Industria (BDI), en una entrevista concedida al Spiegel y consistente en transformar a Grecia en una "zona económica especial" [1] revela a las claras el verdadero objetivo memorándum [2].
Las medidas previstas por ese texto, y que se extienden al menos hasta 2020, se saldan con un sonoro fracaso que ya reconoce hasta el FMI.
Sin embargo, para quienes las concibieron, el acuerdo tendría la ventaja de imponer una tutela económica a Grecia, convertida así en una colonia financiera de la zona euro.
La anulación de esas medidas constituye, así pues, el prólogo a cualquier posible salida de la crisis: lo mortal es el medicamento, no la dosis, como algunos se avilantan a sugerir.
Por otra parte, habrá que preguntarse por las demás causas de la crisis financiera en Grecia. Las que traen consigo el despilfarro del dinero público no han cambiado: el coste por kilómetro de construcción de carreteras es el más alto de Europa, por ejemplo. Otro ejemplo: la privatización de las autopistas a modo de "prepago" de nuevos ejes…, cuya construcción ha sido interrumpida.
El alcance de las desigualdades no puede reducirse a efecto lateral de la crisis financiera en Grecia. El sistema fiscal griego refleja la relación clientelar que une a las elites del país. Como si de una escurridera se tratara, está rebosante de excepciones y de derechos de pase cortados a la medida del cártel oligárquico. El pacto informal que, tras la dictadura, actúa a modo de soldadura entre la patronal y la hidra bicéfala del bipartidismo –Nueva Democracia y PASOK—, garantiza su mantenimiento.
Es una de las razones de que el Estado renuncie hoy a obtener los recursos necesarios por la vía de los impuestos: prefieren la continua reducción de los salarios y de las pensiones.
Pero el establishment, que ha sobrevivido por my poco a las elecciones del pasado 17 de junio [3] por la vía de sembrar el miedo en torno a una posible salida de Grecia de la zona euro, vive con la asistencia respiratoria de un segundo pulmón artificial: la corrupción.
La difícil tarea consistente en quebrar la colusión entre los medios políticos y económicos –un asunto que no compete sino a los propios griegos— constituirá una de las prioridades de un gobierno popular dirigido por Syriza.
Exigimos, pues, una moratoria sobre el servicio de la deuda para cambiar Grecia.
A falta de eso, cualquier nueva tentativa de saneamiento financiero nos convertirá en Sísifos condenados de antemano al fracaso. Y esta vez, el drama no afectará sólo a la antigua ciudad de Corintio, sino al conjunto de Europa.
Alexis Tsipras es el principal dirigente de Syriza-Frente Social Unido
* Crónica ha seleccionado este artículo por su interés para la actualidad española