He tenido la oportunidad de asistir a un Pleno de mi pueblo, San Antonio de Benagéber, fue el pasado 26 de septiembre. Por razones profesionales hacía años que no asistía a ninguno, me habían desaparecido de la retina esas imágenes que antes me eran cotidianas de la discusión política farragosa y poco fructífera.
En mi nuevo bautizo presencial en el plenario de San Antonio me entraron muchas ganas de salirme y volver a mi rincón de trabajo. Tuve que soportar insultos vertidos a los ciudadanos por boca de dos de los dirigentes del Partido Popular de San Antonio. Insultos a la inteligencia que no tenían ni usaban el lenguaje habitual con el que conocemos los insultos, pero que contenían mayor carga de ofensa que si nos hubieran llamado algo serio. Si lo hubieran hecho, al menos podríamos resarcirnos devolviéndoles la pelota.
De boca del alcalde tuve que oír que no conocía que se hubieran realizado unos trabajos en el municipio de San Antonio, también que nadie en su Ayuntamiento los conocía. De boca del nuevo líder popular tuve que oír que si que se habían hecho y que los había encargado él, aunque sin cumplir la ley.
Perplejo me quedé, sintiéndome insultado por ambos y supongo que la mayoría de los presentes allí, en un Pleno de los más llenitos al menos de los que yo nunca había visto. Oí a Felipe del Baño reconocer en voz alta y orgulloso de decirlo que se había saltado la ley 'de buena fe y por el bien del pueblo, porque las hierbas estaban creciendo mucho y consolidándose y había que limpiar el barrio de San Vicente, Montesano y Colinas'. Las corruptelas no siempre son a cambio de algo, muchas veces no son más que ilegalidades realizadas con objeto de vender la propia imagen, pero con el dinero público. Nos hemos acostumbrado en otros casos a vivir con la corrupción como algo cotidiano y como una forma más de la actuación política, que desgraciadamente se ha asentado en la valenciana. Si a un político le parece normal saltarse las barreras legales porque dice que lo hace por el bien del pueblo, que es quien precisamente le ha puesto esas barreras para controlarlo, es que la sociedad está peor de lo que aparenta. No es malo vivir de la política, es incluso positivo en algunos casos para lograr independencia de los grupos de presión, pero no es bueno hacerlo sólo de la política.
Si miramos fuera de mi pueblo hay mucha gente que encuentra normal recibir regalos, invitar a personajes, reunirse con condes y abrirles la puerta a operaciones de todo tipo. Es ya una costumbre que incluso algunos Tribunales empiezan a ver normal. Sin embargo, sigo asombrándome de como el umbral de soporte de la corrupción se incrementa entre los ciudadanos.
El otro día al hilo de estos asuntos oía a un técnico muy cualificado en materias de ingenieria que a la vez es también un destacado militante en Valencia del partido del gobierno, hablar sobre la corrupción y llegar a la siguiente conclusión. 'la corrupcón es intrínseca a la vida y existe en todas las facetas, por eso yo si tengo que votar prefiero a un polítco corrupto amigo, que otro de otra ideologia'. La conversación no siguió, cambiamos de tercio porque el asunto llevaba mal camino.
La cantidad de corrupción que el ser humano puede soportar y aguantar sin que grite y exija un cambio total, no tiene que ver con la ideologia, ni tampoco con el carácter, ni con la forma de ser de los mediterráneos o los españoles, o los valencianos. A mi juicio, tiene que ver con la cultura democrática. La cantidad de corrupción que se soporta es siempre menor cuando los mecanismos y la cultura democrática están en la vida cotidiana de las personas.
Cuarenta años de dictadura han hecho mucho daño en nuestro pais, otros treinta de democracia de corto vuelo no han resuelto el problema. Vivir bajo la corrupción de esos cuarenta años ha creado mecanismos personales internos que se han heredado. Es tiempo de cambiar todo esto, cuanto antes se cambie antes tendremos abierto el camino para quienes tomarán el relevo en el futuro. No me parece un buen patrimonio para dejar en heréncia.
* CJ es el alias con el que escribe en su blog Julio Cintas
* Crónica agradece al autor que se haya incorporado con sus opiniones al grupo de Gent de Camp de Túria
* CJ es el alias con el que escribe en su blog Julio Cintas
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