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| Hospital de Denia |
La historia que relata eldiario.es resulta espeluznante. "Me decía a gritos que cómo me había atrevido a pedir cita si no tenía papeles, que eso no entraba dentro de la asistencia gratuita y que tenía que tramitar mi caso con una trabajadora social", relata. El parte médico es claro.
Una ley que no ha demostrado que sirva para ahorrar, que desde la ONU califican de bomba de relojería para la salud pública de toda la población, parece tener más una intención ideológica. Ciudadanos de primera y de segunda. Como toda extrema derecha que se precie, no gusta de los extranjeros pobres. A los ricos les abre la puerta de par en par.
El otro caso nos remite a los tratamientos "caros". Hemos rescatado bancos, autopistas con dinero público, pagamos sobresueldos, pero hay muchas cosas que no se pueden costear. Estamos viendo el drama de los enfermos de hepatitis que siguen aguardando decisión de la ministra, a ver ahora que ya habrá acabado sus vacaciones en la playa.
Pero hay ya incontables víctimas de esta concepción de la salud, recordemos también los maltratados niños con cáncer de Toledo.Y está Álvaro, un niño afectado por la enfermedad de Pompe a quien quieren retirar el tratamiento porque es caro y ya tiene una mala calidad de vida. Lo viene denunciando la muy activa Marea Blanca de Zaragoza. Es el único nieto de un amigo de uno de mis hermanos que, como el resto de la familia, está desolado. No se le ha dado especial relevancia, son ya tantas las bajas ocasionadas por la religión del lucro y la hipocresía suma (encima se atreven a hablar de "el derecho a la vida" para las células embrionarias) que ya ni nos detenemos en todas.
Es decir en esta sanidad privatizada, en la sanidad de tarjeta en la boca para ser atendido, se puede dejar ir a una madre con amenaza de aborto y se puede dejar morir a un niño porque está tarado y cuidarlo es caro.
El nombre para todo esto lo ponéis vosotros. Junto al futuro que nos espera a todos por este camino. Una y otra vez asombra que seres humanos aparentemente normales secunden estas atrocidades, siquiera con su silencio.
* Rosa Maria Artal es escritora y periodista, autora del blog El Periscopio
* Crónica agradece poder compartir con nuestros lectores este artículo de opinión




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